Opinan los Mandatarios
Bienestar, Comercio Libre y Desarrollo Compartido
Elías Antonio Saca
En el mundo globalizado e interdependiente en el cual vivimos, diariamente conocemos sobre hechos que nos impactan en diferentes áreas, tanto en lo político, económico y social, como en cuestiones de seguridad, narcotráfico, enfermedades infecciosas, medio ambiente y terrorismo; cuestiones que de no atenderse pronta y adecuadamente afectan la paz, la estabilidad y el bienestar colectivo.
Independientemente de los esfuerzos, logros y obstáculos que presenta el proceso de desarrollo económico y social de la humanidad, es alentador que exista un consenso internacional sobre los graves problemas globales que enfrentan nuestros países y a los cuales debemos dar respuesta para mantener un entorno de paz y estabilidad al que aspiramos las naciones. La solución a problemas comunes constituye un compromiso adquirido en el seno de la ONU, adoptado en la Declaración del Milenio de las Naciones Unidas, en el año 2000.
Cinco años después, cuando se examinó la ejecución de los compromisos de la Cumbre del Milenio, nos encontramos con avances limitados, de tal manera que en 2005 se celebró una Cumbre en la que, los Jefes de Estado y de Gobierno, reiteramos nuestros compromisos de manera firme e inequívoca, incluyendo tanto a los países donantes como a los países en desarrollo, señalando los pasos concretos para cumplir con los objetivos trazados al año 2015.
En la Cumbre de 2005, se determinaron cuatro esferas de trabajo fundamentales, íntimamente relacionadas e interdependientes, relativas a los Derechos Humanos, el imperio de la ley, la paz y la seguridad colectiva y el desarrollo. En este último tema, se reafirmó el compromiso de erradicar la pobreza, promover un crecimiento económico sostenido, un desarrollo sostenible y la prosperidad para el mundo.
Desde una perspectiva amplia, a medida que adoptamos políticas para erradicar la pobreza y mejorar el progreso social, entramos en la dimensión del desarrollo compartido, entendido como el concurso de diferentes actores para realizar un conjunto de acciones para fines comunes, como son el progreso y bienestar colectivo.
En ese concepto participan todas las fuerzas políticas y económicas de un país --sector privado y gubernamental, ONGs y sociedad civil-- en el proceso de desarrollo, e incluye el compromiso de la comunidad internacional cooperante, tanto bilateral como multilateral, para apoyar los esfuerzos nacionales.
Para El Salvador, el cumplimiento de los Retos del Milenio es una alta prioridad. Precisamente, mi Plan de Gobierno ha sido elaborado teniendo en cuenta no solo las condiciones, necesidades y prioridades en la problemática interna, sino también en factores externos, que directa o indirectamente pueden impactar nuestros esfuerzos de desarrollo sostenible.
En función del bienestar y del desarrollo compartido, la actividad del Estado se centra en incrementar el capital humano y la dignidad de todos y cada uno de los salvadoreños, haciendo los máximos esfuerzos para cubrir sus necesidades básicas y darles las herramientas necesarias para el aprovechamiento de las oportunidades, en áreas que les permitan mayor acceso a la salud, la educación, la vivienda, el fortalecimiento social y familiar y la protección del medio ambiente.
Reconocemos que la pobreza, la exclusión social y las desigualdades atentan contra la dignidad humana, debilitan la democracia y amenazan la paz y la estabilidad y por lo tanto, conforme a los Objetivos de Desarrollo del Milenio, debemos tratar de superarlas para el año 2015. Puedo señalar que, en mis tres años de gestión, hemos incluido una agenda consecuente con esa fecha.
En 2004, mi gobierno lanzó el Plan Social Oportunidades, que contiene 5 grandes programas: Fondo de Salud (FOSALUD), para fortalecer y emplear los servicios médicos para atender necesidades de los grupos más vulnerables; el Programa CONECTATE, con el cual se apoya la educación, mediante el establecimiento de centros de tecnologías de información y comunicaciones; el Programa JOVENES, por medio del cual se abren espacios de mayor participación a la juventud, creando oportunidades para su desarrollo y progreso integral; el Programa de Micro Crédito, en apoyo financiero a microempresas y nuevas PYMES; y, Red Solidaria, para apoyar a familias rurales en condición de pobreza extrema, para mejorar su educación, salud, nutrición y otros servicios básicos.
Hemos realizado grandes esfuerzos para implementar estos programas, enmarcados en el concepto de desarrollo compartido, pero tenemos que reconocer que no obstante los logros alcanzados, el desafío es grande, particularmente porque somos un país geográficamente pequeño, con pocos recursos naturales y limitaciones financieras, a los cuales se agrega, lamentablemente, la vulnerabilidad del país a los desastres naturales.
En el pasado reciente, sufrimos la destrucción de dos terremotos y de tormentas tropicales, que nos pusieron en un estado de emergencia y nos obligaron a desviar recursos que estaban destinados para programas de desarrollo. Adicionalmente, hay fenómenos internacionales que siguen afectando nuestro proceso de desarrollo, entre otros, la falta de apertura de mercados de países industrializados y los obstáculos al comercio; la inestabilidad e incremento de los precios del petróleo; el mantenimiento de bajos precios de los productos básicos, para mencionar algunos.
Al igual que muchos otros países de nuestra región y del mundo, hacemos un gran esfuerzo para mantener la estabilidad macroeconómica y lograr un crecimiento y desarrollo con equidad. Al mismo tiempo, estamos adoptando nuevas políticas para superar otros problemas de primer orden, como es mantener tasas de crecimiento que permitan la creación de más y mejores empleos, ser más competitivos, impulsar la innovación tecnológica, acceder a más mercados, crear un entorno favorable para la atracción de inversiones, ofrecer mayores incentivos a las PYMES y crear condiciones internas para una mejor inserción en los mercados internacionales.
Es oportuno señalar que compartimos y apoyamos la política de Chile respecto a buscar la creación de más espacios económicos, tanto para exportación como para atracción de inversiones, mediante acuerdos de libre comercio, para que los sectores productivos tengan una motivación para el crecimiento empresarial y los incentivos para mejorar su productividad y su capacidad exportadora.
Por otra parte, los salvadoreños estamos convencidos de que, para abonar al desarrollo compartido, se debe promover la integración entre países y regiones. La integración trae grandes beneficios a los países que se unen, ya que ofrece mayor poder de negociación y peso político en el contexto internacional, permite atraer mayor volumen de inversión extranjera, ofrece un mercado más amplio y competitivo, capta un mayor volumen de cooperación internacional y facilita un mejor aprovechamiento de los recursos humanos, productivos e institucionales de todos las partes. Por eso, permanentemente, promovemos la integración centroamericana como vía para impulsar nuestro desarrollo.
Otro tema que importante para los países de menor desarrollo relativo tiene que ver con la cooperación y asistencia internacional. Algunos países hemos invertido esa ayuda en programas que han favorecido un crecimiento económico sostenido y el mantenimiento de índices macroeconómicos, resultados que nos ubican en una clasificación de Países de Renta Media. El uso responsable de recursos ha ocasionado, en un incentivo negativo, que los países industrializados disminuyan o suspendan sus programas de cooperación en esos países.
En nuestro caso, consideramos que esa medida nos impacta grandemente e interrumpe la continuidad de las iniciativas que están en ejecución y de otros programas que las complementan. Por esa razón, tomamos la decisión de promover ante la Comunidad Internacional, incluyendo las Naciones Unidas, un examen o revisión de las condiciones para el otorgamiento de cooperación internacional, en particular para países de renta media, que nos ayudaría a fortalecer los esfuerzos nacionales que están en marcha, y complementarlos con nuevas medidas.
Como el desarrollo es compartido, por nuestra parte hemos mejorado la política fiscal y aumentado los ingresos del estado, pero aún requerimos de más recursos para cubrir los gastos que implican los programas sociales. Con ese fin, impulsamos métodos alternos para generar financiamiento interno a través de mecanismos innovadores, en la figura de fideicomisos, que permitirán generar recursos adicionales para mantener nuestras ambiciosas metas de desarrollo social.
La situación en el mundo y en particular en Centroamérica y El Salvador, es compleja y no es fácil; con muchas metas a lograr en un proceso que es continuo. Sin embargo, creemos que si apartamos las barreras que nos dividen y nos unimos para alcanzar aspiraciones e ideales comunes, la tarea podría ser menos difícil para la humanidad. Todo esfuerzo para alcanzar esa visión vale la pena.
Elías Antonio Saca es presidente de la República de El Salvador
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