Opinan los Mandatarios
Las Cumbres, mecanismos multilaterales para alcanzar objetivos comunes
Oscar Berger Perdomo
Guatemala es un pequeño país que sale de un letargo luego de 36 años de conflicto interno. Salió de ese conflicto gracias al interés y lucha de muchos guatemaltecos que creyeron en el cambio y se vieron ayudados por países e instituciones internacionales que allanaron el camino para lograr la tan ansiada paz.
La experiencia de Guatemala en encontrar soluciones a sus problemas es algo excepcional. Quizá esa experiencia para lograr la paz en mi país sea un reflejo del atinado concurso de actores nacionales e internacionales que juntos, lograron poner los cimientos para lograr no solo la paz firme y duradera, sino también trazaron una hoja de ruta que generara un cambio positivo en toda una sociedad.
Sin embargo, para que el cambio siga avanzando, es necesario un compromiso firme de la sociedad civil nacional. También, es a veces necesaria la participación desinteresada de otros actores que coadyuven a continuar construyendo el camino del desarrollo, la democracia, la paz y la seguridad. Por ello, veo con sumo interés el papel que juegan las relaciones con otros países o con organizaciones internacionales. Estos actores internacionales han jugado en el pasado un papel clave a través de la asistencia y cooperación en un sinnúmero de temas que coadyuvaron a materializar los planes de desarrollo socio-económico.
Creo firmemente que la ayuda y cooperación de la comunidad internacional debe darse en la medida de las necesidades y requerimientos de los países, cuando éstos así lo requieran. Los países deben estar abiertos a esa cooperación y esperar trabajarla conjuntamente con sus socios en donde siempre prevalezca el interés supremo de la sociedad en su conjunto. Las relaciones entre Estados es fácil en la medida que éstos se beneficien mutuamente. Eso en el caso de las relaciones bilaterales, pero se torna un poco más compleja en lo que compete a las relaciones multilaterales, es decir, entre varios Estados.
El multilateralismo surgió con fuerza luego de la segunda guerra mundial con la creación de las Naciones Unidas y posteriormente, por un interés económico con el nacimiento de las instituciones de Bretton Woods y el Acuerdo general sobre comercio y aranceles. En el caso de mi propia región, construíamos la integración centroamericana como una expresión muy concreta del multilateralismo.
Sí los países se reúnen porque tienen intereses o problemas en común, no es de extrañar que estemos presenciado el nacimiento de un “regionalismo”, donde naciones que no solo comparten una zona territorial sino también una cultura, una lengua o una raza, se unen en un esfuerzo colectivo para avanzar en pos de un interés compartido, de fortalecerlo o bien de lanzarlo como bloque ante determinados países o regiones.
No cabe duda que el multilateralismo es una fuente inagotable de fortalezas que los gobiernos utilizamos como propulsores, en algunos casos, para alcanzar determinados objetivos en distintas áreas de interés nacional.
La necesidad de resolver problemas comunes con una perspectiva regional no es nada nuevo. En Latinoamérica contamos con múltiples expresiones, con cortes geográficos y temáticos diferenciados. Valga recordar los pioneros esfuerzos de integración a nivel regional y sub-regional, o las iniciativas tomadas por agrupaciones de países para promover la paz y la seguridad. El Grupo de Contadora, que luego se convirtió en el Grupo de Apoyo y finalmente se transformó en el Grupo de Río, es tan solo un ejemplo.
Así, hoy por hoy los Jefes de Estado y de Gobierno de América Latina y el Caribe tienen múltiples oportunidades de encontrarse, para enfrentar posiciones, compartir experiencias, e impulsar iniciativas de interés común. Algunas de esas instancias son de alcance sub-regional, otras bi o tri-nacional, todavía otras de alcance regional e incluso hemisférico, y algunas trascienden las fronteras continentales y abarcan países con los cuales tenemos especial afinidad, como sería la Cumbre Iberoamericana. Todo ello, sumado a la oportunidad de reunirnos a nivel global, normalmente en el seno de las Naciones Unidas. En breve, vivimos una era en que la diplomacia presidencial se ha convertido en la norma, en vez de la excepción, como solía ser el caso algunas décadas atrás.
La Cumbre Iberoamericana ciertamente es un foro de rasgos peculiares, donde el principal factor que convoca a los países miembros es la cultura e historia común. A ello se suman valores compartidos, y un modelo de relaciones entre países desarrollados (particularmente España) y 20 países en desarrollo de nuestro hemisferio que podría ser un modelo del encuentro entre lo que antaño se llamaba el “Norte” y el “Sur”. En efecto, hace apenas una o dos generaciones, ni España ni Portugal caían en la categoría de países industrializados; el hecho de que hoy han logrado ese tránsito también ofrece una fuente de inspiración para los demás miembros de la Comunidad Iberoamericana.
Ahora que se consolida la Comunidad con su propia Secretaría, le asignamos especial importancia a esta organización multilateral, ya que promueve la cooperación a nivel horizontal y multilateral con el fin de promover la cultura iberoamericana y facilitar la consecución de los objetivos de desarrollo del milenio. Estos objetivos reafirman lo dicho arriba respecto a la necesidad que tienen los países de afianzar intereses comunes. Guatemala acompaña este esfuerzo y vemos con esperanza que las Cumbres Presidenciales de los Jefes de Estado y Gobierno de Ibero América se robustecen año con año. Este es un multilateralismo bi-regional que nos fortalece y nos enorgullece por los lazos culturales con la península ibérica y la posibilidad de acercar más a nuestros pueblos.
Ahora, a la luz de la próxima Cumbre de Presidentes en Santiago de Chile, Guatemala espera que los aportes de los países respecto al tema central – la Cohesión Social -- nos ayude a transformar nuestras sociedades a través de la solidaridad y el entendimiento mutuo, de las experiencias adquiridas en el combate a la pobreza y exclusión en sociedades multiculturales como la nuestra, y que esto sirva de ejemplo de cómo los presidentes y jefes de gobierno contribuimos con el multilateralismo regional.
Oscar Berger Perdomo es Presidente Constitucional de Guatemala
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