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Cumbre 1999Estamos avocados, entonces, a diseñar y adoptar políticas migratorias encaminadas a la protección de los emigrantes ecuatorianos en el exterior y, a la vez, ordenar los flujos migratorios hacia nuestro país desde criterios fundamentales de protección a los derechos humanos.
Las migraciones no son un fenómeno nuevo, tienen miles de años de existencia y forman parte de la evolución humana. Pero no siempre enfrentaron la discriminación que hoy se advierte. América Latina, por prolongados períodos, ha abierto los brazos y recibido fraternal y solidariamente al inmigrante. España y Europa lo saben.
La migración de la etapa globalizadora tiene otras características. Ciudadanos de los países subdesarrollados son expulsados del suelo patrio por el hambre, el desempleo, la inequidad.
Ecuador se ha convertido en emisor neto de mano de obra calificada y no calificada principalmente a Estados Unidos, España e Italia y en menor medida a destinos como Canadá, Reino Unido, Holanda y Alemania. Casi toda América Latina y muchos países de África y Asia experimentan un fenómeno semejante.
Quienes migran buscan en los países desarrollados, oportunidades de trabajo que no encuentran en el suelo natal. Ecuador mantiene un índice de desempleo estimado en más del 10%, mientras que el subempleo bordea el 50%.
No obstante, el esforzado trabajo de los emigrantes ha hecho posible que las remesas que envían al Ecuador constituyan la primera fuente de ingresos no petroleros. En los dos últimos años alcanzó el equivalente al 10% del Producto Interno Bruto.
Paralelamente, conlleva dramas humanos como el trágico fallecimiento de compatriotas en precarias embarcaciones, desapariciones y abusos por parte de coyoteros e, inclusive, tratantes de blancas y niños.
A estos graves riesgos se agrega la desintegración familiar, la explotación laboral, discriminación, intolerancia, xenofobia, persecuciones, detenciones y deportaciones desde los países de tránsito y de destino.
Los migrantes constituyen sectores poblacionales de extrema vulnerabilidad. En algunos países, los migrantes tienen un tratamiento inferior al que reciben capitales y mercancías para los que busca libertad de tránsito.
La sola advertencia da este hecho nos obliga a reconocer que para los hambrientos del Tercer Mundo no quedó ni siguiera la libertad, menos aún la igualdad y fraternidad planteada hace mas de dos siglos por la Revolución Francesa.
Las respuestas a estos problemas deben encontrarse en la misma naturaleza globalizadora que los causa. Trabajar para reducir la desigualdad en los niveles de desarrollo, trabajar las asimetrías que nos agobian, reducir las brechas salariales, superar los abismos en el conocimiento y la tecnología.
Estos retos hacen indispensable la intervención mancomunada de los Estados y las organizaciones sociales, de la empresa pública y privada, también de las formas de comunicación que alimentan la conciencia colectiva.
El mundo desarrollado estigmatiza al migrante. Se mira a quien huye del hambre como a un delincuente. Pero el problema de los sin-papeles no es solo un tema policial es, ante todo, un problema de acceso al desarrollo y garantía de ese derecho.
Todos queremos un flujo ordenado de emigración, amparada en las vías legales. Pero regularizar la migración exige, en lo fundamental, tratar el derecho de los migrantes como un derecho humano, parte de un programa poblacional de todos los pueblos del mundo.
El gobierno de Ecuador ha pedido en las Naciones Unidas, y también ante la Comunidad Iberoamericana, que se trate el problema migratorio en términos de igualdad de los migrantes respecto de los nacionales en el mundo.
Es indudable que los países desarrollados requieren de trabajadores foráneos para cubrir su demanda laboral. Conviene que los países receptores contemplen en sus políticas procesos de regularización de indocumentados, a fin de legalizar su residencia y situación laboral.
En base al mutuo interés de los países de origen y destino, se deberían propiciar acuerdos bilaterales para una adecuada canalización de ofertas de empleo y de selección de trabajadores migratorios.
Contamos con un Plan Nacional de Acción para combatir el plagio de personas, tráfico ilegal de migrantes, explotación sexual y laboral y, otros modos de explotación y prostitución de mujeres, niños, niñas y adolescentes, pornografía infantil y corrupción de menores, lo que demuestra la importancia que Estado otorga a esta problemática vinculada en parte al fenómeno migratorio.
LA MEJOR RESPUESTA ES ACTIVAR LA ECONOMÍA NACIONAL
Ecuador es parte de Protocolo contra Tráfico Ilícito de Migrantes por Tierra, Mar y Aire, y del Protocolo para prevenir la trata de personas especialmente de mujeres y niños, que complementan la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional. Asimismo es parte de la Convención Internacional sobre la protección de los derechos de los trabajadores migratorios y sus familiares.
El Plan Nacional de Ecuatorianos en el Exterior, tiene como objetivo brindar protección y asistencia a los connacionales que se encuentran en el exterior. Asimismo se mantiene un innovador sistema de diálogo con la sociedad civil que constituye la Mesa sobre Migraciones Laborales, a través de la cual se coadyuva a la formulación de políticas públicas sobre migración con la participación de las organizaciones no gubernamentales, organismos internacionales e instituciones públicas, coordinadas por el Ministerio de Trabajo.
De conformidad con el contenido del “Acuerdo entre la República del Ecuador y el Reino de España relativo a la regulación y ordenación de los flujos migratorios”, del año 2001, se cuenta actualmente con la Unidad Técnica de Selección de Trabajadores Migratorios, que ha permitido contar a la fecha con una base de datos de 30.000 potenciales trabajadores que pueden ser seleccionados para ser contratados por empresas españolas.
De igual manera, Ecuador apoya con decisión todos los esfuerzos encaminados a la reducción de los costos de transferencia de remesas. Nuestros emigrantes han identificado allí un obstáculo que compromete la inversión y ahorro en el país de origen, mas aún si la mayor parte de su ingreso permanece en el país receptor.
En búsqueda de soluciones de largo alcance al problema migratorio, el gobierno ecuatoriano da prioridad a la reactivación de la producción nacional como la mejor política para la generación de nuevos empleos.
Sólo la reducción de la pobreza, mejores índices de salud y educación y elevar el nivel de desarrollo humano, permitirá hacer de cada país tanto receptor como emisor de trabajadores, en proporciones similares.
Enmarcado en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, mi gobierno propende a fortalecer el capital humano invirtiendo en salud, educación, capacitación e investigación científica y tecnológica, hacia una mejor distribución del ingreso. Pero eso no es suficiente.
Ningún país, menos aún uno pequeño y de bajo desarrollo como Ecuador puede dar respuesta a estos problemas por sí solo.
Ecuador llama al tratamiento mancomunado de los Estados Iberoamericanos, de las asimetrías regionales. Los países de menor desarrollo relativo precisamos de un nuevo tipo de inserción en la economía mundial.
Insistimos ante la comunidad internacional que de deben orientarse nuevos y frescos recursos como Asistencia Oficial al Desarrollo, cuya meta del 0.7% del PIB está aún lejos de cumplirse. También para los fondos operativos del Sistema de las Naciones Unidas que son un estímulo importante en el diseño de estrategias de desarrollo nacional.
Factores como los subsidios agrícolas, manejo de patentes, acceso a la tecnología y a los nuevos materiales, no pueden seguir siendo formas de marginación del desarrollo. En nombre de millones de seres humanos postergados, pido se estudien las asimetrías existentes y procesos de constitución de los fondos de compensación.
Como la historia humana lo demuestra, la migración es también inmenso aporte cultural que hermana a los pueblos. Iberoamérica tiene matrices históricas y culturales que las compartimos como acervo fundamental de la humanidad. No cabe que en este territorio nos miremos como extraños, cuando debemos vernos como hermanos.
Alfredo Palacio es Presidente del Ecuador.